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Moria cumple 80: ¿quién puede definirla por la edad?

Moria cumple 80: ¿quién puede definirla por la edad?

Buenos Aires

Sábado 12 de Septiembre de 2026 · 09:04· 3 min de lectura

Moria cumple 80: ¿quién puede definirla por la edad?
Buenos Aires

Solemos pensar que cumplir 80 años implica mirar hacia atrás, ordenar las etapas, hacer un balance de logros y pérdidas y, de cierta manera, ensayar una despedida anticipada. Moria Casán hace algo distinto.

Su serie “Moria” se estrena cuando cumple 80 años, pero allí el pasado no aparece como memoria estanca, ni el presente futuro como lugares previamente asignados, son vivencias que pueden ser retomadas o reconvertidas en cualquier momento: “ Estoy de vuelta de tantas cosas que ya no sé si voy o vengo ”.

Allí reside uno de los aspectos más interesantes del modo en que Moria ha construido su figura pública. No se trata de negar la edad ni de pretender una juventud imposible. Sus 80 años están dichos, mostrados y hasta festejados. Pero la edad no consigue convertirse en una posición desde la que los demás puedan definirla.

A Moria le tocó ser muchas cosas: la vedette deseada de los años setenta, la actriz, la mujer televisiva, el jurado, la escandalosa, la irreverente, la madre, la diva, la señora, la “One”. Lo singular es que ninguna de esas figuras parece jubilar a la anterior. Se acumulan. A veces se contradicen. Y terminan formando ese personaje excesivo que lleva su nombre.

Por eso resulta difícil pensar su trayectoria mediante la clásica sucesión lineal de edades: la joven que fue, la adulta que llegó a ser y, finalmente, la señora mayor que recuerda. En Moria las temporalidades se mezclan. Puede mirar a la vedette que fue como si perteneciera a otra persona y, al instante siguiente, volver a apropiársela. Puede narrarse desde afuera y desde adentro casi simultáneamente y hasta decir: “ A mí el paso del tiempo me hace los mandados”.

Ella misma ha utilizado una imagen extraordinaria para definir ese movimiento: mirarse como una “ marciana ”. Mirarse desde otro planeta significa poder contemplar al personaje sin confundirse enteramente con él. Moria observa a Moria. La administra, la comenta, se ríe de ella y vuelve a lanzarla a escena.

Eso permite comprender algo central en su longevidad pública. Para permanecer durante décadas en el centro de una escena cambiante es necesario saber transformarse sin dejar de ser reconocible. La permanencia no consiste entonces en conservar intacta una identidad sino en modificarla antes de que los demás puedan declararla vencida.

Moria parece haber comprendido tempranamente que la figura pública es, en buena medida, un artificio. El cuerpo, la ropa, las palabras, la voz, los gestos y hasta los nombres con los que se designa forman parte de esa construcción. Nunca hubo demasiado interés en esconder el artificio. Al contrario: lo exhibió.

Allí aparece una diferencia importante con cierto ideal contemporáneo de autenticidad. Moria no necesita presentarse como alguien que finalmente se liberó de las máscaras para mostrarnos su verdadero yo. La máscara también es ella. Más aún: cambiar de máscara es uno de sus modos de seguir siendo ella.

De ahí que resulte tan sugerente el recorrido que lleva de haber sido una de las vedettes más deseadas del país a proclamarse “el Obelisco con tetas”. Aunque en su transformación de femme fatale en monumento podría parecer haber una pérdida, en su vida ocurre lo contrario: es una ampliación. Ya no se trata solamente de ser una mujer deseable. Se vuelve paisaje urbano, monumento, símbolo, exageración nacional.