BUENOS AIRES-LA PLATA: LA AUTOPISTA DEL TERROR
Robos, tiros y piedras entre el kilómetro 6 y el 18. La autopista es de Kicillof. La entrada a La Plata es de Alak. Con los dos, la inseguridad ya está descontrolada.
Avellaneda / Quilmes
Martes 20 de Octubre de 2026 · 01:20· 7 min de lectura

La autopista Buenos Aires-La Plata se volvió una autopista de asaltos. Robos a mano armada, motochorros y piedras. El tramo que más duele va del kilómetro 6 al 18, entre Avellaneda y Quilmes. Más adelante, al llegar a La Plata, tiran piedras en las bajadas de la Diagonal 74 y de la calle 520. Las víctimas son motociclistas, automovilistas, choferes de camión y de micro. El que paga el peaje es el que se come el tiro.
La semana pasada se hizo viral un video. Un motociclista iba por la autopista y se le puso a la par una moto con dos ladrones. El acompañante, sin casco, lo apuntó con un arma. El de la moto aceleró, zigzagueó entre los autos y llegó al peaje. Ahí le avisó a una mujer policía que habían querido robarle. En esa causa detuvieron en Dock Sud a Lautaro Nahuel Estigarribia, de 19 años, con un antecedente por robo.
El Jueves 15, en el kilómetro 17, sentido a La Plata, fueron por un auto. Tres motochorros le cayeron a un suboficial mayor de la Policía Federal que estaba parado sobre el pasto. Lo amenazaron con un revólver y lo golpearon en la cabeza. La Policía Vial de Hudson los persiguió. Detuvieron a un menor. Le sacaron un revólver Smith & Wesson calibre .32. La causa es robo calificado por arma de fuego, en poblado y en banda, portación ilegal y lesiones. Quedó en la Fiscalía de Responsabilidad Penal Juvenil N.º 1 de Quilmes.
El Domingo 20 de Septiembre, a las 8.30 de la mañana, un auto con cuatro ladrones se puso a la par de un chofer de Uber y de su pasajera, a la altura del kilómetro 11. No pararon. Les dispararon. El conductor recibió un balazo en una pierna.
El 5 de Octubre, en el kilómetro 6,5, en Dock Sud, dos motochorros tiraron al piso a Alan Bonacoi, de 32 años, que manejaba una moto de Didi con una pasajera. No iban por la moto. Iban por los celulares.
Bernardo tiene 32 años y hace el recorrido todos los días. Lo dijo así: «Ahora, cuando estás arriba de la moto, nada de parar en la banquina, absolutamente nunca.» Si tiene que ponerse el equipo de lluvia o hablar por teléfono, llega como puede hasta una estación de servicio. Otros, por miedo, se tiran al carril izquierdo y en los tramos sin radar aceleran para que no los alcancen. Saben que se pasan de la máxima. Prefieren la multa al asalto.
José Arteaga, presidente de Aubasa, la empresa que administra la autopista, dijo que las dos modalidades que lo preocupan son las piedras y los asaltos en movimiento. En los kilómetros 17 y 18, pegado al barrio El Monte, en Quilmes, la obra del cuarto carril obligó a sacar una malla que estaba hace diez años. Esa red estaba para que no tiren piedras desde el costado, para que nadie cruce y para que no entren autos por fuera de las subidas. «Actualmente no hay ningún elemento de seguridad en ese sector», dijo. Prometió volver a poner el vallado cuando termine la obra. Mientras tanto, el barrio quedó pegado a la calzada y los robos no paran.
Aubasa dice que hay puntos fijos donde los hechos se repiten: los peajes, las bajadas, Villa Inflamable en Dock Sud y El Monte en Quilmes. Hay cámaras y un sistema de alerta. Pagan horas extra de la policía. Arteaga dice que la Policía bonaerense tiene voluntad de prevenir y de perseguir, pero que no dan abasto. Clarín llamó al Ministerio de Seguridad de la provincia para preguntar qué están haciendo. No contestaron.
Esa llamada tenía destinatario. El Ministerio de Seguridad no es una oficina suelta. Depende del gobernador. El gobernador es Axel Kicillof. La Policía bonaerense es de él. Aubasa también: es una empresa de la provincia, y la Buenos Aires-La Plata es de Aubasa. El peaje lo cobra la provincia. La obra del cuarto carril la hace la provincia. La malla la sacó la provincia. El patrullero que no alcanza es de la provincia. Cuando tiran una piedra o pegan un tiro, el responsable tiene nombre. Se llama Axel Kicillof.
Kicillof no está en el kilómetro 11 a las 8.30, cuando le meten un balazo en la pierna al chofer que va a laburar. Está en otro lado. Con él, la inseguridad de la provincia ya está descontrolada. La autopista es la prueba. Sin malla. Sin patrulla que alcance. Con motochorros que se ponen a la par y disparan. Con un ministerio que no atiende. Gobernar es eso. Si la traza es tuya y el que paga el peaje sale baleado, el hecho es tuyo.
Y del otro lado de la bajada está La Plata. Las piedras de la Diagonal 74 y de la calle 520 no caen en el aire. Caen en la entrada de la ciudad de Julio Alak. El que llega esquiva un piedrazo, igual que adentro esquiva los pozos. Alak tapa un bache, deja un lomo de burro y se va. No está en la bajada. No está en la banquina. Con él, la inseguridad de La Plata también está descontrolada. La ciudad que administra empieza donde termina la autopista de Kicillof, y en los dos tramos el que maneja está solo.
Son los dos. Kicillof tiene la ruta, la empresa, la policía y el ministerio que no contesta. Alak tiene la ciudad a la que esa ruta entra, y la mira de lejos, igual que mira las calles rotas. La inseguridad no se descontroló sola. Se descontroló con ellos. El que va a laburar a las 8.30 sale con un balazo en la pierna. El gobernador y el intendente siguen en otro mundo.
Con Kicillof y con Alak, la inseguridad ya está descontrolada.